sábado, 26 de julio de 2008

Alegría

Se puede decir que soy "fanático" del Cirque Du Soleil.
He visto casi todos sus espectáculos en vivo (O seis veces, Kà cuatro veces, Zumanity cinco veces, Mystere cuatro veces, por ejemplo), he visto en DVD casi todos los que no pude ver en vivo, he visto los Making Of de varios espectáculos, la serie The Fire Within (realizada como el reality show de un casting para la televisión, tengo toda la música y los programas de lujo, he leído el libro que cuenta parte de la historia y la forma de trabajo de la compañía, y he comprado artículos variopintos en sus tiendas.

Ayer fui a ver Alegría. 
Lo había visto en DVD varias veces. Conocía de memoria la música.

Fue una experiencia muy grata. 
El profesionalismo con que trabajan es para quitarse el sombrero.
El espectáculo tiene momentos apabullantes, la música es bellísima, el vestuario y el maquillaje son exquisitos, y el todo es muy armónico. 

Y por el todo me refiero a los chicos que cortan las entradas, los que atienden en los puestos de comida, los que acomodan al público, las butacas, el clima en la carpa, la puntualidad, el merchandising, etc. Incluso los vasos de café que vende un puesto alquilado por un particular están impresos con las imágenes del Cirque du Soleil, en una calidad excelente. 

Es, evidentemente, una empresa de excelencia en el rubro del entretenimiento.

Me gustó mucho haber ido, y disfruté enormemente del trabajo de Manipulación (con cinta y aros) de la rusa Maria Silaeva (que además es bellísima), de las Barras Rusas, de las Contorsionistas Oyun-Erdene Senge y Ulziibuyan Mergen (ambas de Mongolia) y de dos de las rutinas de los Clowns Pablo Gomiz Lopez (español), y Oleg Popkov (canadiense).

No me gustó el Trapecio, ni el cuadro del Clown Yuri Medvedev (ruso) del final de la primera parte, ni el Hombre Volador de Alexander Dobrynin (ruso).
En la función de ayer no hubo Malabares (anunciado en el programa de lujo), y la Danza del Fuego no tuvo los cuchillos. 

En resumen:
1) Al espectáculo le sobra una hora: media hora de intevalo y media hora de show. 
2) El Trapecio podrá ser el número de más prestigio en un circo, pero éste trapecio no lo ha sido en Alegría y de ninguna manera es el final que este show debería tener.
3) El cuadro del Clown del final del primer acto no sólo es largo, lento y aburrido, sino que no se entiende, y en muchos momentos ni siquiera se ve qué es lo que hace (yo estaba de costado, pero había gente que lo estaba más aún y probablemente se haya perdido el número casi completo).

Pero lo que más padecí es la falta de emoción. La falta de apelación a las emociones.
A ver: estoy convencido de que un hecho artístico tiene que ser transformador para el espectador. Tiene que conmover.
El asombro asombra, pero no conmueve. Ni perdura.

Salimos de la carpa igual que como entramos, con la frase típica que describe correctamente a este tipo de espectáculos:
"Muy lindo. ¿Dónde comemos?"

En este caso, tratándose del Cirque du Soleil, la frase será diferente:
"Muy lindo. MUY lindo. ¿Dónde comemos?"

No sentí ninguna de esas mariposas inquietas dentro de mi pecho. Esas mariposas que nos devuelven un poco de lo que el mundo materialista y escéptico nos quita todos los días.

Me pregunto para qué otra cosa existirá el arte, sino para regalarnos eso.

Quiero decir: a mí no me alcanza con el asombro ni con la sonrisa.
Y ayer en Alegría no me alcanzó. Me convidaron un canapé de glamour y divertimento. Pero me tuve que ir a comer  a otro lado. Me tuve que ir a nutrir a un restaurante. 

Probablemente me haya pasado lo mismo con todos los espectáculos de esta compañía. 
La diferencia es que en los shows de ellos que residen en Las Vegas, la producción es TAN apabullante que casi no hay tiempo de darse cuenta que el ruido tapa la música (si se entiende la metáfora). 
Pero si uno está suficientemente conectado con su alma, quizás padezca el hambre incluso en un show cuya producción costó ciento sesenta y cinco millones de dólares. 

Porque no se puede engañar al espíritu.

Recuerdo qué espectáculos me han conmovido. No han sido muchos. 

Definitivamente sí "Les Nozzes di Figaro", con la dirección musical de Kent Nagano para la Opera de Los Angeles, en el Dorothy Chandler Pavillion. Quizás en otro momento cuente sobre esta fiesta para el alma que sigo disfrutando y paladeando aún tres años después.

Definitivamente Wicked, en  el Gershwin Theatre de New York, con Annaleigh Ashford (Glinda) y Stephanie J. Block (Elphaba). Otra fiesta, en todo sentido.

Salomé, de Oscar Wilde, con Al Pacino en el papel de Herodes Antipas, en una puesta en parte leída de un grupo del Actor's Studio, en el Wadsworth Theatre, en Los Angeles. Y de esa obra, fueron demoledores los tres minutos de la danza de Salomé (interpretada por Jessica Chastain, magnífica), que me perturbó y me dio alas.

Mary Poppins, de Disney, en el New Amsterdam Theatre de New York.
Lion King, de Disney, en el Pantages Theatre de Los Angeles. 
René Lavand. Chapeau.

Y algunas cosas que he visto de David Copperfield (sueltas, en diferentes espectáculos), y también algunos momentos dentro de producciones más espectaculares y más humildes de diferentes características a lo largo del tiempo.

El final del concierto que dio Daniel Barenboim con la Staatskapelle en el Luna Park, interpretando el Himno Nacional, mucho de Ella en mi cabeza, de Oscar Martínez con Julio Chavez y Juan Leyrado, y la parte de China Zorrilla en El Diario íntimo de Adán y Eva, y un par de momentos de El Hombre Inesperado, de Yasmina Reza, con Luis Brandoni y Betiana Blum, y algunas partes de Justo en lo mejor de mi vida, con Luis Brandoni y Alejandro Awada, y algún instante de La Sirenita, de Disney, en New York. 

Momentos, poquísimos, teniendo en cuenta que vivo viendo cosas en todas partes. 

La mayoría de las veces, lo formal es impecable. 
Pero se atiende lo formal, hasta lo obsesivo, en un intento de tapar un agujero. Se está haciendo lo imposible por suplir un vacío infinito.
Un vacío que no se puede llenar con dinero, ni con trajes brillantes, ni con maquillajes artísticos, ni con escenarios voladores ni con piletas que aparecen y desaparecen. Ni con ningún artificio.

No se puede engañar al espíritu.

Sólo necesitamos alma. 

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