viernes, 25 de julio de 2008

Dejar Pasar

Hoy viajando en taxi me di cuenta de algo que me entristece de nuestra ciudad (no me ha sucedido lo mismo en otras ciudades del país, o en otras ciudades de otros países).

No dejamos pasar.
Nadie deja pasar primero al otro.

Es como una característica de nuestra in-cultura.
Se lo atribuyo a la prepotencia, no al apuro. Nadie llega tarde por dejar pasar primero al otro.
Se lo atribuyo a la falta de educación, no a una distracción del momento. Se nos puede pasar una vez, pero no dejamos pasar a nadie, ni una vez.
Se lo atribuyo a la falta de respeto y de cuidado por el otro. Sí, a eso.

Veo actitudes violentas cuando alguien pasa por delante de otro. Incluso veo miradas amenazantes, insultos casi dichos, como si pasar primero fuera conquistar un espacio, como si uno hubiera ganado una pulseada, como si su vida se hubiera nutrido ahora de otra victoria. No parece que uno simplemente pasa a la velocidad que viene; da la sensación de que apuramos el paso, sacamos pecho, entrecerramos los ojos, apretamos los dientes, aceleramos nuestra respiración y nuestros latidos. 

Somos como un toro que embiste la capa roja. 
Me entristece la imagen. Me duele cada vez que me asalta la conciencia y me doy cuenta de lo que está sucediendo: perdemos la dignidad en un instante, creyendo que al pasar primero ganamos poder. Perdemos otra oportunidad (y van...) de Ser Humanos, de agasajar, de agradecer, de honrar en un sólo paso no dado tantas virtudes maravillosas de nuestra especie: la nobleza, la parsimonia, la gentileza, la caballerosidad, la elegancia, la sencillez, la humildad, el don de gente. 
Nos perdemos la oportunidad de hacer el vacío que podría permitir que la vida nos traiga un regalo más.
Pero parecería que ya hemos acostumbrado a la vida a quedarse con sus regalos. 

Y seguimos gritando a los cuatro vientos, seguimos quejándonos de que no se nos da lo que creemos merecer. Seguimos reclamando cosas, y no somos capaces de quedarnos quietos, de hacer un gesto galante con la mano y decir un sencillísimo: "Después de usted".

Alguien dijo que no se llega nunca a ninguna parte.

Pero existe una última estación, una última parada en nuestro camino.
Y cuando lleguemos allí no vamos a querer bajarnos del tren.
El único destino en esta vida es la muerte.
Eso es lo único que tenemos garantizado. Todos nosotros, todos por igual.
Los que pasamos primero y los que se quedan parados mirándonos pasarlos por delante.

De vez en cuando alguien me deja pasar primero.
De vez en cuando dejo pasar primero a alguna persona.
Y la sensación, la escena, es hermosa. El lugar se llena de luz, las miradas se cruzan y las sonrisas aparecen como por arte de magia.
Y a partir de ese momento el día de ambas personas cambia por completo. A partir de allí será otra la energía que cada uno lleve a sus otros encuentros.
A partir de allí renacerá la esperanza. La esperanza para nosotros, la esperanza para el mundo, la esperanza para nuestros hijos, a quienes queremos dejarles todo y no les estamos dejando nada. 
Pero para eso todavía falta mucho.
Falta mucho tiempo, faltan muchos y muy grandes milagros por suceder. 

Yo sólo pido que me sea dado el discernimiento.
Para poder no dar un paso cuando hay alguien allí esperando para pasar. 
Para poder frenar el coche por completo, y no sólo disminuir la marcha. 
Para quedarme parado hasta que la otra persona haya pasado por completo, por completo.
Para hacer además el gesto y decir también "no, por favor, después de usted".
Para sonreír con ganas, aunque no me sonrían. Porque el otro es el otro, no es yo. Y tiene sus cosas, sus problemas, sus sufrimientos. Qué importa...

La gracia del discernimiento.
Para comprender que si quiero llegar a alguna parte algún día, es indispensable que me quede quieto, parado por completo muchas pero muchas veces. 
Para que otra persona pueda pasar primero.

Así llegará mi tiempo.
Así golpearé un día la puerta del lugar al que deseo ir, y cuando se abra la puerta quizás escucharé tronar un grave...

"Adelante. Pase usted."

1 comentario:

  1. Aunque te parezca mentira yo soy una de esas personas que, algunas veces, (bah!, la mayoría) deja el paso a las otras; aunque esta situación, en muchas oportunidades favorezca grandes dolores de cabeza!!! Me gustan mucho tus pensamientos, además de tu persona, y tu forma de ser...Te admiro, y cuando se admira a alguién se sabe que hay mucho por descubrir todavía... un saludo muy afectuoso. Silvina.

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Jansenson Magia

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