jueves, 25 de septiembre de 2008

Hacer Nada

"Los misterios no existen para ser resueltos, sino para ser honrados."

Volví a mi casa a las seis de la tarde. Las responsabilidades formales del día estaban a esa hora ya concluidas. 

Luego de la merienda, esperaba que mi alma me dijera qué tenía ganas de hacer con el resto del día. Adónde ir, con quién hablar, qué comer.

Ahora son las nueve de la noche, y mi alma todavía no ha dicho ni una sola palabra.

O quizás sí.

La cabeza ordena; así vivimos. La sociedad ordena, la cultura ordena, la religión ordena, los  mandatos ordenan.

El alma espera. El alma escucha. El alma resigna.

Y un buen día, el señor dice: "hoy logré callar la cabeza. Alma: decí algo, ordená."

Uno hace lo que no desea que le hagan. Uno reacciona, como rebotando, como cuando la pared devuelve una pelota imitando a la raqueta. 

Pero el alma tiene sus tiempos, su carácter, su orgullo, su dignidad. El alma tiene derechos, necesidades, obligaciones. ¿Yo qué sé de la vida de mi alma? ¿Yo qué puedo saber, si apenas la he aprendido a escuchar, apenas empiezo a prestarle atención, apenas pude entablar con ella una relación basada en los encuentros casi fortuitos que hemos tenido, en mis abombadas sacudidas de cabeza cuando ella me hace saber, con su voz suave y serena qué debo hacer en realidad, qué es lo que la vida desea para mí, aún en contra de mis caprichos más arraigados y estertóreos.  Apenas nos estamos empezando a conocer, y yo ya le digo lo que tiene que hacer, ya le reprocho que no hable cuando yo quiero escuchar, ya le digo, enojado y a los gritos, que si ella no dice nada entonces le voy a devolver la voz a mi mente, a mi ego. 

Porque hoy es jueves, hoy la noche es mujer, hoy nadie se acuesta temprano, hoy nadie come en la casa. 

Mi alma permanece quieta, y silenciosa.

Hierve el agua en la cacerola, la tabla de corte espera a las verduras y al cuchillo. 

Es tiempo de honrar al misterio del alma.

En silencio.


Jansenson Magia

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