martes, 22 de junio de 2010

Argentina 9

Maradona cuenta en la conferencia de prensa:
“Estábamos entre Higuaín y Palermo. Enrique y Mancusso me dijeron que querían al Pipita, así que yo les dije: bueno, entonces tráiganme a Martín.”

Takes one to know one.

Su frase revela mucho de su magia, pero lo más interesante es todo lo que oculta.

La semana pasada, luego del primer partido y cuando la gente hablaba de la selección argentina con un gran escepticismo, dije "la magia está de vuelta".

Seis goles después de aquél primero, nueve indiscutibles y contundentes puntos más tarde, digo "la magia está de vuelta".
Maradona es el Gran Hechicero del equipo. Y el resto de los jugadores (y digo el resto porque él es un jugador más de la selección), igual que en la escuela de Harry Potter, sacuden sus varitas y producen conjuros en cada rincón de la cancha.
Muchos argentinos siguen quejándose (como si los argentinos necesitaran que la selección juegue mal para quejarse) pero aún con las quejas, la selección creó más situaciones de gol en tres partidos de lo que el resto de los equipos juntos pueden crear en todo el mundial. La gente dice "no se hicieron los goles".

Se hicieron siete. Y en rigor de verdad, parecerían ser más que suficientes.


La gente dice que argentina juega mal y que la defensa es frágil. Me sorprende enterarme, porque si es por los tres partidos jugados, a la matemática y a mí nos parece que nos hicieron un único gol, error humano que no sé si los argentinos están dispuestos a permitirles a los jugadores.

He visto algunos partidos de este mundial, y de los otros.
He visto a los jugadores mejor pagos del mundo revolear la pelota a cualquier parte, definir pésimo frente a un arco vacío como improvisados practicantes de potrero, hacer pases a los contrarios, sacar mal los laterales, perder pelotas de forma imbécil y patear a la tribuna el tiro que se quiso patear al arco.
Argentina erró poquísimos pases, las situaciones de gol que creó fueron realmente profundas y de verdadero peligro, la mayoría de los tiros al arco fueron dentro del perímetro delimitado por los tres palos o apenas afuera, los pases estuvieron casi siempre bien hechos, y la posesión de la pelota fue casi exclusiva para nuestro equipo, durante los tres partidos completos de la primera fase.

Pero quiero volver a hablar de la magia. Para que no me pase lo que les pasa a muchos, que con tanto ruido no pueden escuchar la voz que vale la pena escuchar.

De cómo me emocioné hoy cuando los jugadores y el cuerpo técnico, abrazados, cantaron el himno (y un párrafo aparte quiero dejar para halagar la belleza melódica del himno de Grecia), de cómo disfruté y me reí como un chico cuando pareció que Maradona iba a sacar un lateral, de cómo los comentaristas americanos, a los veinte minutos de partido (y junto a Klinsman que los acompañaba) dijeron: “la Argentina hizo SIETE cambios, y aún tiene once estrellas de máxima categoría y un equipo apabullante, que mete miedo, dentro de la cancha”. De cómo dijeron que envidian la pasión con la que la hinchada acompaña al equipo y de cómo el equipo pareciera compartir un idioma que excluye a todo el resto del fútbol de la Tierra. De cómo sonreía Maradona cuando Palermo hizo el gol, de Palermo, que hoy entró al mismo tiempo en la cancha y en la historia del fútbol verdaderamente grande del mundo. De cómo Messi sigue haciendo, a regañadientes, su camino del héroe con la selección argentina, jugando como los Dioses pero aún ajeno al festejo y al grito que por algún motivo se le siguen postergando. De Verón, que parecería tener noventa años de experiencia en el fútbol, de la cantidad de pases y toques, y de la cantidad de intentos y más intentos de ganar y ganar, de jugar y jugar, de que el fútbol sea siempre un deporte y una celebración dentro de la cancha.

De Maradona una vez más, porque quizás, como dijeron muchos, no sabe suficiente de fútbol como para ser director técnico de la Selección Nacional.

Yo sigo diciendo que Maradona no necesita saber nada más que lo que sabe. Y que esta selección no necesita ningún otro director técnico que no sea él para guiarla al máximo logro que se puede alcanzar.

Maradona ES el fútbol. Y esta selección, con la conducción de su varita mágica, todavía tiene muchos prodigios por realizar.

Hasta ahora: nueve puntos, siete goles, ¿cien? situaciones concretas de gol, treinta y seis años de edad y un récord Guiness, un Gran Hechicero, once varitas mágicas agitándose en el aire y un héroe bajito y joven, también Gran Mago, en la recta final de su camino de transformación.

No aguanto la espera.

No sé cuánto falta, pero ya me parece que el domingo no va a llegar nunca.

Jansenson Magia

Jansenson Magia
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