miércoles, 2 de febrero de 2011

Cantar los cuarenta

Toda una vida. De viaje. De paso.

Borges dice que cuando falleció Melanchton se le suministró en el otro mundo una vida igual a la que vivió en la Tierra, de forma que cuando despertó de su sueño siguió comportándose como si estuviera vivo. Durante un tiempo, mientras él elogiaba la fe en detrimento de la caridad como virtud para el ingreso al cielo, su vanidad le impedía reconocerse muerto y, más aún, darse cuenta de que su casa no estaba emplazada en el Cielo.

Las cosas cambiaron más bien pronto, cuando los ángeles vieron su vanidoso apego y decidieron abandonarlo. Al sospechar su nuevo estado y emprender entonces la escritura a favor de la caridad, lo que escribiera hoy se borraría mañana, porque su composición carecía de convicción.

Este fragmento, parte del cuento Un teólogo en la muerte, está publicado en el libro Historia Universal de la Infamia, de cuya parte mágica Borges dice no ser autor sino sólo traductor y lector.

En el día de mi cuadragésimo cumpleaños puedo releer una gran cantidad de páginas de mi historia, al mismo tiempo que comparto la celebración (física o espiritualmente) con mucha gente que no es un recuerdo sino una parte contante y sonante de mi presente existencia.

Páginas que no se han borrado, personas a quienes la memoria no necesita regurgitar.

Me pregunto si esto es prueba de que no me ha faltado la convicción.

Si puedo sospechar una queja de quienes me aman, me atrevería a señalar la incomodidad, que yo mismo he sentido de forma cotidiana en mi propia relación, conmigo.

Y como al tiempo que hoy se evalúan los cuarenta años anteriores se presienten los cuarenta próximos, este redescubrimiento intenta menos justificar el pasado que preparar el futuro: haber emprendido un gran viaje, haber vendido casi todas las posesiones materiales, haber abandonado muchos apegos físicos inevitablemente transforma a uno en alguien menos encontrable, menos conservable, menos cómodo.
Los cabalistas garantizan que la incomodidad es una virtud, que los controles remotos jamás muestran ninguna imagen verdadera, ni bella, ni valiosa del mundo en que vivimos. Ningún poder real puede ser comprado, ningún control real puede ser ejercido bajo el influjo de un capricho, pero muchos han demostrado sin necesidad de ornamentos que lo efímero puede ser eterno, lo vulnerable poderoso y la lejanía y la separación pueden incluir la intimidad.

Cuando miro hacia atrás encuentro que las cosas y personas que más me influyeron y más me afectaron ya no están conmigo, al mismo tiempo que dudo de que algunas de ellas hayan existido alguna vez. Son mucho mejores como recuerdos que lo que han sido como realidades. Acaso los hechos siempre son peores que las historias que los relatan, acaso todas las fantasías mejoran el mundo que les ha servido de inspiración.

Si he evolucionado como ser humano, si se ha templado mi espíritu, si se ha formado mi carácter, ha sido mucho más gracias a los golpes, los fracasos y las críticas que a los elogios, las palmadas en la espalda y la condescendencia.

Mucha gente recuerda y cuenta que una vez Fu Manchú inundó un teatro.

Era un gran mago, y sobre todo un gran artista, pero sus poderes no eran infinitos. No era Dios.

Yo, que sé la verdad, prefiero dejar que se "infinitice" la leyenda.

Borges dice: no aspiro a ser Esopo. Yo no aspiro a ser Fu Manchú.

Pero sí, como Borges, deseo ser la mejor versión posible de Norberto Jansenson. Y sé que el alcance de mis mejores logros será, en el mejor de los casos, muy limitado. Para cubrir el terreno faltante tendrán que colaborar quienes me aman. Y no va a ser fácil, no va a ser cómodo escribir los hechos que luego se van a contar cuando sean historia.

A cambio del sacrificio puedo prometer, como siempre, la nobleza, la transparencia, el respeto, la veracidad, y el amor incondicional (no siempre manifestado de la forma deseada por quienes lo reciben).

Ojalá que yo sea mucho mejor como recuerdo que lo que llegue ser como hijo, hermano, padre, pareja, amigo. Ojalá que las historias que se cuenten sobre mí sean mejores que lo que pueda llegar a ser como hombre.

Ojalá que las páginas que contengan las historias de mi vida no se borren mañana. Que la convicción habite en ellas. La caridad.

Ya que existe un solo Creador, aspiro a la dignidad en la interpretación del papel de mi vida. Aspiro a que sea conmovedor, interesante y amable (merecedor de amor).

Disfruto enormemente del proceso de vivir.

Es mi deseo que algo de ese disfrute alcance a quienes recorren conmigo el camino. De alguna forma, estamos cumpliendo juntos cuarenta años de existencia compartida, celebrando la magia de la vida.

Gracias, sea cual sea el lugar que hayas elegido, sea cual sea el papel que te haya tocado interpretar. Gracias por ser parte de mi historia.

Gracias por el amor, por la paciencia y por la constancia.

Gracias por todo.

Jansenson Magia

Jansenson Magia
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