martes, 22 de mayo de 2012

Los problemas que enfrentamos


Dicen que uno de los peores problemas que enfrenta el mundo es el problema de la comunicación. Los seres humanos deseamos y necesitamos básicamente las mismas cosas, y no son tan difíciles de conseguir, pero nos comunicamos de forma tan precaria con el mundo que generalmente fallamos a la hora de lograr nuestros objetivos y cumplir nuestros deseos y sueños. La "forma precaria" no alude a la gramática ni a la ortografía, sino que se enfoca en la forma, el tono, la carga energética que nos "eructa" sin nuestra voluntad, como si fuéramos un volcán descontrolado que "de repente" ha entrado en erupción. Somos víctimas de un sistema, de un método que ha sido diseñado para nosotros por la sociedad, la cultura, las costumbres, nuestros padres y maestros, y por supuesto moldeado por nuestro entorno como el agua moldea las piedras tras muchos años de "relación" con ellas.

Nos comunicamos como nuestros padres se comunican, de ellos aprendimos escuchando, incluso durante los nueve meses que pasamos en la sala de espera de la vida. Nos comunicamos como se comunicaron nuestros maestros, como se comunica la gente en la calle, como se comunicaron nuestros hermanos mayores o amigos más experimentados. Nos comunicamos como se comunicaron nuestros jefes, nuestros compañeros de trabajo, nuestros mejores amigos, nuestros profesores en la facultad. Nos comunicamos como se comunican los políticos, los publicitarios, las celebridades que tomamos, a propósito o sin querer, como modelos de vida y no sólo del "expertise" que ellos profesan. Nos comunicamos como se comunican los diseñadores de la moda en cualquiera de sus rubros, ellos (de formas sutiles y no tan sutiles) nos dicen cómo tenemos que decirle al mundo quiénes somos.

En las sociedades racionales se nos educa para pensar y ser pensantes, para resolver con la mente cualquier poblema que se presente ante nosotros. El corazón es un músculo casi desconocido, incomprendido, desvalorizado, poco utilizado más allá de sus funciones biológicas. Somos básicamente una mente que carga con un cuerpo, y en nuestras mentes hay demasiado ruido como para que podamos reconocernos y reconocer al mundo que nos rodea. Experimentamos al mundo según "nos dijeron" que había que experimentarlo. Nos dijeron quiénes somos, de mil maneras, nos dijeron qué nos queda bien, nos dijeron cuáles son nuestras mejores virtudes y nuestros peores defectos, y de allí salimos al mundo a intentar disfrutar de la vida y sentirnos plenos dando lo mejor que tenemos y recibiendo las bendiciones que nos corresponden.

Nos definió gente que ni siquiera nos conocía. Cuando nos vieron expresando nuestra alma se rieron condescendientemente y dijeron "qué lindo... está jugando", y después llegó un día y una hora en que hubo que dejar de jugar porque el mundo es muy serio y se necesita trabajar, generar, producir y tener éxito. Nos tiraron los juguetes, nos dijeron "hasta acá con hacerse el tonto" y nos mandaron a la milicia urbana con un chirlo en la cola.
Así estamos, a los tropezones, con la armadura puesta, la ametralladora en la mano derecha y el escudo anti-balas en la izquierda. Los dientes apretados, los ojos inyectados en sangre, la vena del cuello hinchada, y una hostilidad que nos acompaña a todas partes, las veinticuatro horas del día.

¿Hay otra forma? Dicen que sí la hay. Hoy, no dentro de diez años.

El primer paso es reconocer algunos problemas concretos, VERLOS crudamente, realmente, para poder emprender el camino de transformarlos.
No se necesita hacer mucho más que VER. No es nuestro trabajo cambiar nada racional ni conscientemente. Solamente depositar la mirada con la conciencia y el corazón puestos en QUERER cambiar. El cambio, luego, se produce sin nuestra voluntad, de la misma forma que nuestro cuerpo digiere los alimentos que consumimos, toma lo que necesita y desecha lo que no le sirve sin que nuestra cabeza intervenga en el proceso.

1 - No escuchamos. A nadie, nunca.
Sólo estamos preocupados por hablar, por decir lo que nos molesta, por quejarnos, por exigir, por urgir para que las cosas pasen. Vamos a los negocios y no decimos ni siquiera buenos días, entramos con la queja en la mano, con el grito de guerra y la bandera roja erguida. Nos plantamos frente a quien se ponge en nuestro camino a reclamar lo que "es nuestro", lo que nos corresponde, lo que nos merecemos, lo que no pueden dejar de darnos.
Recibimos a nuestros seres queridos en nuestra casa y ni siquiera nos fijamos cómo llegan. Les tiramos el vaso con el líquido que nosotros elegimos, los arrastramos hasta donde queremos que se sienten, ponemos música que nosotros elegimos a un volúmen que a nosotros se nos antoja. Pero no tenemos idea de si nuestra gente deseaba otra cosa, si la aturde el volúmen, si quería pasar al baño antes de sentarse, si quería quedarse con el abrigo puesto. No tenemos idea.
Nos gusta alguien, salimos a tomar algo con esa persona, hablamos sin parar para que no haya baches, para que no haya silencios incómodos, para que no haya intimidad, para que no se vean nuestras grietas, para que no haya que mostrarnos vulnerables, nerviosos, interesados.
Preguntamos cualquier cosa que ni siquiera nos interesa, y no escuchamos la respuesta, ya estamos contando lo que nosotros queremos contar. Preguntamos "cómo estás" automáticamente, y escuchamos el "bien, y vos" automáticamente, aunque veamos en la expresión de la persona que no está bien, y seguimos adelante actuando el personaje igual que el otro actúa, y llevamos a cabo un ritual sin ritual en el que lo único que se hace es ruido, con la complicidad de nuestro "amado" ser.

2 - No nos conocemos. A nosotros mismos.
Está directamente relacionado con el problema anterior. Porque para conocernos tenemos que escucharnos. Y no lo hacemos.
Es casi imposible lograr la plenitud, cumplir los sueños, si no tenemos idea de qué es lo que deseamos, y si no prestamos ninguna atención a nuestros sueños. Creemos que la parte de dormir es un tiempo "muerto" de nuestra vida, en lugar de comprender que el dormir es indispensable para el soñar, y el soñar es indispensable para el conocer, saber, y luego vivir, según nuestros sueños.
Los sueños no son lo que "queremos" hacer del día. Son lo que "se nos cuenta" durante la noche mientras dormimos. Casi nadie tiene ningún contacto con sus sueños, y dicen "yo sueño con ser famoso", "yo sueño con ser millonario", "yo sueño con ser arquitecto", creyendo que perseguir esos sueños es perseguir sus sueños.
No tenemos idea de qué nos gusta. O, en rigor de verdad, sí la tenemos, pero ignoramos nuestros gustos en función de vivir cumpliendo nuestras obligaciones. Escuchamos "me encanta ir al cine". Preguntamos "¿qué fuiste a ver últimamente?". Escuchamos "ufff, no... hace como dos años que no voy..." Escuchamos "me encanta la vida al aire libre", de una persona que vive en la gran ciudad y jamás se toma el tiempo para acercarse a mirar siquiera la naturaleza. Escuchamos "me encanta comer frutas y verduras" de alguien que sólo come comida chatarra. "Me encantan las mujeres pulposas" dice alguien cuyas últimas tres novias eran casi anoréxicas. "Me encanta el olor a tostadas de la mañana" dice alguien que desayuna un café bebido de corrida porque va tarde, y come dos medialunas cuando llega a la oficina". "Me encanta levantarme temprano para disfrutar del día" dice otro que sale todas las noches hasta las cuatro de la madrugada y duerme al día siguiente hasta las once de la mañana. Así nos tratamos a nosotros mismos. Me pregunto qué nos queda a la hora de tratar a los demás.

3 - No tenemos idea de dónde venimos.
Y por lo tanto no podemos saber realmente quiénes somos ni adónde tenemos que ir.
En nuestras raíces está la explicación de todo. No solamente en nuestras raíces familiares a nivel genealógico, sino también emocionales y espirituales. ¿Quiénes fueron nuestros "padres", quiénes nos guiaron de la mano, quiénes nos inspiraron, a quiénes nos parecemos, o deseamos parecernos? No lo sabemos.
Vamos por la vida mirando hacia adelante, hacia lo que vamos a hacer, lograr, tener, hacia los viajes que vamos a emprender, los lugares que vamos a conquistar. Y así seguimos a los tumbos, tropezando con obstáculos no tan grandes, temblando y sacudiéndonos al primer viento que llega, aunque sea suave, porque no tenemos raíces. O porque no estamos en contacto con ellas.

4 - No tememos a ninguna autoridad, ni terrestre ni divina.
En la mayoría de los países del mundo la gente es temerosa de Dios y de la ley. En algunos países menos desarrollados la gente no teme a la ley, pero teme mucho a Dios. Y en los países más avanzados, la gente puede no temer mucho a Dios, pero se comporta correctamente porque la ley se aplica de forma implacable. La gente no es más educada, simplemente es más temerosa. 
Nosotros no tememos a la ley, generalmente porque vemos que los criminales "entran por una puerta y salen por la otra", porque vivimos en un país donde impera la "impunidad", y la mayoría de nosotros no tememos a ningún Dios, no tenemos ninguna religiosidad.
La anarquía reina entre nosotros. Y sin una mano firme que guíe nuestro camino, es muy complicado caminar derechos.

5 - No nos permitimos tiempo para nosotros. Jamás nos detenemos.
Se nos ha hecho creer que en el mundo en que vivimos lo único que importa es producir, y en su defecto, prepararnos para producir. Cuando no estamos produciendo, trabajando, generando valor para nuestras empresas, jefes o proyectos, tenemos que estar durmiendo (poco), comiendo (rápido) o atendiendo limitadísimas obligaciones familiares o sociales urgentes o importantes.
No nos dejan, y no reclamamos, un tiempo mínimo para reponer energía, para reconectarnos con nuestra fuente.
Todos sabemos qué nos conecta, para algunos será la lectura, para otros la contemplación, para otros el deporte, o el cine, o el teatro, o el mar, o el río, o la cocina, o la música.
De hecho, Facebook es un ejemplo perfecto de cómo pasamos de largo de todo: vemos publicaciones de personas que ya sabemos que tienen algo valioso para compartir, pero leemos por arriba sin prestar mucha atención, ponemos "me gusta" aunque no hayamos comprendido bien el mensaje, leemos y nos sentimos conmovidos pero no nos permitimos "digerir" lo leído, conservar la emoción, quedarnos quietos un segundo con el mouse sin clickear en la próxima publicación llamativa. Parar. Mirar alrededor. Mirar adentro. Respirar, aunque sea una vez, antes de seguir adelante con la urgencia y el trajín.
Ningún vehículo puede andar ni rendir indefinidamente sin reponer combustible. Nuestras almas también necesitan energía para funcionar, igual que nuestros cuerpos y nuestras mentes. Si no reponemos energía, de alguna forma, no llegaremos muy lejos.

6 - No abrazamos lo suficiente. Y no abrazamos ni nos dejamos abrazar bien.
Y sin embargo, el abrazo, físico o emocional, es lo único que necesitamos para vivir en plenitud.

7 - No tenemos rituales. Lo que proviene de no tener religiosidad.
Y sin rituales la vida es apenas una sucesión constante de actos fortuitos, de experiencias aleatorias, una montaña rusa emocional que nunca lleva a ninguna parte.

8 - No damos. No sabemos dar. No dejamos pasar.
Damos poco, y damos mal. Damos lo que nos sobra, damos con un sentimiento de superioridad, damos lo que nuestro capricho dice, no lo que el otro necesita. No podemos identificar lo que se necesita de nosotros, lo que necesitamos dar para poder ser felices. Dicen que el verdadero dar sólo sucede cuando damos algo que nos falta, algo que no tenemos, algo que nos duele, algo que nos cambia la vida, algo que en realidad deseamos conservar.
Para dar hay que salir de nuestra zona de comodidad, hay que hacer un esfuerzo, hay que pasar por el dolor. Sólo así el dar nos puede devolver con creces lo que ya no tenemos. Sólo así podemos lograr recibir, con nuestro dar.
Cuando dejamos pasar a alguien primero, especialmente si estamos apurados, estamos dando algo que no tenemos: nuestro tiempo. Es un sano ejercicio, porque dejando pasar en realidad siempre llegamos a tiempo adonde vamos.

9 - No recibimos. No sabemos recibir.
Cada vez que le decimos a una persona "no tenías que traerme un regalo" o "no te hubieras molestado" o "no me compres un regalo" o "no quiero que me invites", estamos cerrando las puertas de una ceremonia sagrada. Otra persona nos ha elegido para darnos algo, para agasajarnos, y ha decidido una forma especial para hacerlo. Necesitamos aprender a decir "muchas gracias" con nuestro corazón. Y recibir humildemente, con alegría, con "GRACIA". El regalo, al que también se le dice "PRESENTE" es exactamente eso: una posibilidad de vivir en el momento, suspender la ilusoria línea de tiempo que gobierna nuestras vidas y la línea del espacio, que nos separa. Cuando recibimos con gracia un agasajo, permitimos que nuestra alma se una con la de la otra persona, y ambas almas se unan con el universo. Allí sucede el regalo, el presente, que es nuestro único salvador.

10 - La sombra.
Si resolvemos este problema, automáticamente desaparecen todos los demás.
No podemos resolver esto solos. Necesitamos ayuda, y esa ayuda tiene que ser de gran calidad.
La sombra es la fuente de todos nuestros problemas, boicots, miedos, trabas, rigideces, tropiezos, fracasos.
Dicen los que saben que venimos al mundo a descubrir, conocer, trabajar, limpiar y transformar nuestra sombra. Todo lo demás es agregado, no indispensable.

Pero mientras conseguimos ayuda para esta ciclópea tarea que dura toda la vida, podemos empezar por escuchar un poco más, hablar un poco menos, hacernos unos minutos en la semana para reponer energía, dejar pasar primero a alguien que se cruce en nuestro camino, dar algo que nos duela un poco para ver cómo se siente, decir "muchas gracias" cuando alguien nos agasaje, dejar pasar a alguien cuando estemos apurados.

Es una idea. Creo que no es mucho lo que podemos perder con probar.  
do que nos rodea. Experimentamosiado ruido como para que podamos reconocernos y reconocer al mundo que nos rodea. Experimentamos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Jansenson Magia

Jansenson Magia
Visitanos en www.jansenson.com