martes, 12 de agosto de 2014

El payaso y la risa.


Robin Williams. Que la alegría que nos brindó y que no pudo experimentar durante su vida le brinde, aunque sea ahora, algún descanso y alguna paz.

Otro Garrick.
Cuántos hubo, cuántos hay, cuántos habrá. 

Hoy alguien dijo que el mundo va hacia un lugar en el que se empuja a las personas sensibles a sentirse despiadadamente acorraladas. Permanecen escondidos detrás de sus narices de payaso e intentan despistarnos con sus morisquetas, pero en sus miradas hay una angustia y una desesperación permanentes, que podemos atisbar si prestamos suficiente atención. 

Sin embargo, y a pesar de que nos emocionamos cuando escuchamos una historia de resurrección o cada vez que nos golpea la muerte (y especialmente el suicidio) de alguien joven, seguimos anestesiados, seguimos corriendo feroces y ciegos en pos de un objetivo que no tiene nada que ver con nosotros, y que una vez alcanzado nos brinda únicamente el vértigo de un vacío que no tenemos forma de habitar, y aún más desesperación que las que sentimos cuando tememos no poder cumplir nuestros impuestos e impersonales deseos. 

Ojalá que algún día detone en nosotros la urgente necesidad de pisar el freno. De equilibrar y armonizar un poco la locura y el frenesí con la rendición ante el Misterio, que es lo único que puede salvar a nuestra humanidad. 

Jansenson Magia

Jansenson Magia
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