martes, 19 de agosto de 2014

La mujer sin edad

Hoy en el Teatro Colón, y en el marco del abono del Mozarteum 2014, tuvimos el privilegio de disfrutar a Joyce di Donato, una mezzosoprano americana fabulosa.

Ella y un piano. Llenando el teatro como si fuera una orquesta de ciento veinte músicos.

Sin embargo, como sucede cada vez que uno tiene oportunidad de participar de una experiencia con un artista que trasciende la herramienta que utiliza y el repertorio que comparte, lo que hoy se vivió en el Colón fue muchísimo más que un recital. De hecho, fue otra cosa distinta que un recital.

Es el año 2014. Hay muchísima gente para la que la música clásica, y especialmente la lírica, son formas de expresión no solamente antiguas y pasadas de moda, sino simplemente obsoletas. El mundo cambió, dicen, hoy los disc-jockeys son estrellas y "tocan" música, sea lo que sea lo que esto signifique. 

Hoy Joyce di Donato nos dijo sin decir que para algunas cosas el mundo no ha cambiado nada, ni necesitan cambiar. Con una combinación impactante y conmovedora de humildad, gracia, entrega, profesionalismo, talento, frescura, simpatía, transparencia, honestidad, versatilidad, paz, dignidad, elegancia, femineidad y sensualidad, erotismo, picardía, altura, sutileza, inteligencia, coraje, agradecimiento, amorosidad, esta mujer cuya edad podría ser cualquiera entre 15 y 55 años nos enseñó que el universo sigue respetando las reglas que lo han hecho perdurar todo este tiempo y llegar hasta aquí. No faltó nada, hubo todo.

No recordé mirar la pantalla de mi teléfono celular durante toda la primera parte, no quería salir al intervalo a tomar nada sino que deseaba que siguiera cantando sin interrupción, y por supuesto no quería que terminara cuando era inminente que iba a terminar. 
Ella. Sola con su alma. Con un vestido de Vivienne Westwood que parecía esculpido en su imponente cuerpo, con unos movimientos sutiles que parecían estar determinados únicamente por la música, con una voz que no puede ser humana, con una suavidad y una potencia que hacían vibrar hasta las cortinas que supuestamente tienen que absorberlo todo sin hacer ni una mueca. Las ovaciones de todo el espectáculo y la ovación del final dijeron lo mismo que estoy escribiendo aquí con palabras. Fue apoteótico lo que esa espléndida mujer dio hoy en el emblemático escenario de nuestro emblemático teatro nacional. El marco único, y la experiencia que, si la excelencia se puede mejorar con una excepción, hoy ha sido la perfección. 

Joyce di Donato nos dijo sin decir que no hay qué buscar, que no hay dónde buscar, que no hay para qué buscar. Que no hace falta cambiar nada, ni quitar nada, ni agregar nada, ni producirse más de lo indispensable, ni hacer muecas exageradas ni aspavientos, ni quitarse la ropa, ni salir en las revistas de chimentos, ni hacer escándalos, ni participar de programas de mala calidad, ni cantar "lo que la gente quiere escuchar", ni ser condescendiente con el público ni con los productores, ni nada parecido. 

Se puede. Incluso en el año 2014, seguir haciendo lo que hay que hacer. Extremadamente bien hecho. Pero nada más. 
Simple, sencillo, sobrio, impecable, justo, digno, ajustado, generoso, super-profesional, cálido, con la duración justa y el acompañamiento correcto. 

Se puede. Acallar el ruido, decir que sí como a los locos a quienes dicen que es por otro lado, con paciencia y disciplina y a lo largo del tiempo. No de hoy para mañana, ni a la fuerza, ni con caprichos. 

Podría pasarme toda la noche hablando de la experiencia de esta noche. 
Pero para muestra sobra un botón. 
Qué bella es la belleza cuando se expresa a sí misma sin excesos. 
Qué maravilloso es el arte cuando se expresa a sí mismo a través del vehículo de una gran artista. 





Jansenson Magia

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