martes, 20 de octubre de 2015

Después de Messi es un perro: 10.6 Segundos.







Mucha pero mucha gente me habla todos los días sobre la narración que grabé y compartí del cuento Messi es un perro, de Hernán Casciari.
Mi humilde opinión es que este cuento que les comparto, Diez segundos seis décimas, también de Hernán Casciari, es aún mejor.
Y comiendo bichitos -como decía René- ya casi llega a 100.000 reproducciones, un video de 29 minutos en la época en que se dice que nadie mira un video de más de algunos segundos.
Si no lo escucharon ni lo leyeron, vale mucho la pena. Aunque no les importe tanto el fútbol.

domingo, 19 de abril de 2015

La vida mágica

La vida mágica de Norberto Jansenson. 
Por Christian Nobile, para InfoBae
Publicado el Jueves 16 de Abril de 2015

Hay quienes creen que es en la infancia cuando nuestra personalidad adquiere su verdadera forma. Con el tiempo crecemos, nos volvemos adultos y muchas veces abandonamos esa magia que alguna vez habitó en nosotros. Norberto, o Jansenson, como lo conocen todos, jamás se dio por vencido y eligió dar batalla. Aún cuando muchas veces le dijeron que debía asumir su "adultez" o, lo que es lo mismo, volverse "uno más del sistema", él decidió hacer lo contrario y seguir explorando la fantasía y el ilusionismo. Esa búsqueda lo llevó a ser quien es: un prestigioso narrador de historias que encontró en la magia y en los relatos su verdadero ser. "Dicen que nos transformamos en lo que tenemos que ser, si queremos realmente hacer nuestro propio camino", reflexiona en esta charla. 

- ¿Elegiste a la magia o la magia te eligió a vos? 

Yo creo que de alguna manera la magia nos elige a todos, y no te convertís en mago porque mago ya sos desde el nacimiento; te convertís en otra cosa cuando empezás a crecer. Como el mundo de la magia es tan difícil de controlar, de circunscribir, en algún momento te educan para que te conviertas en "menos" que mago. Mis padres y los que me guiaron se olvidaron, o tal vez por generosidad, o negligencia, dejaron pasar ese momento de decir -"Bueno, ya está, dejá de jugar y convertite en alguien serio". De golpe, un día me di cuenta de que ya era grande y seguía jugando a la magia. Por eso digo que la magia me eligió y yo elegí nunca abandonarla.

- ¿Tenés recuerdos de tu infancia? ¿Te sentías solo? 

La mayoría de mis recuerdos son de alguien que yo fui estando solo. Siempre fui muy solitario. Tenía dificultades para relacionarme con los chicos de mi edad. En el country donde pasamos los veranos mis amigos se iban a desinflar ruedas de bicicletas, y yo sabía que no quería hacer eso. No sabía muy bien qué tenía que hacer. Siempre tuve los libros cerca como compañeros de viaje; siempre me sentí comprendido por ellos, identificado con lo que se contaba o con algún personaje. Un poco más grande me sentí acompañado por el cine, y luego por el teatro, pero siempre en soledad y no con mis contemporáneos. Tengo presente un cajón de abajo de mi cama, donde guardaba los Rastis, y del otro lado las cosas de magia. Volviendo de la escuela, luego de hacer mis tareas, practicaba, inventaba un mundo propio. 

- ¿Te pasaba de darte cuenta que quizás en la realidad que todos vemos había algo más?

Un día viajaba en colectivo, estaba sentado en el último asiento y en la parada de Santa Fe y Coronel Díaz subió alguien, una persona mayor que yo. Yo tendría 13 años, estaba leyendo un libro. Esta persona me mira y dice: "Claro, en realidad es así, primero es el espíritu, después el cuerpo y después la mente, aunque la gente se confunde y pone la mente antes que todo. Ojalá que sigas este consejo". Terminó de decir eso y se bajó. Hubo muchos momentos de estos, en los que me desconectaba de la realidad para irme a buscar este tipo de estímulos en otro lugar. Tengo muchos recuerdos en los que vuelvo a conectar después de haber quedado "colgado" contemplando algo. Vivimos urgidos por la realidad que nos estimula todo el tiempo y no nos damos tanto espacio ni tantos momentos para poder digerir tanta información. Desde chico supe que debía tener momentos para que todo eso que me habían tirado encima se pudiera acomodar dentro de mí, y para que yo pudiera realmente entender qué hacer con eso. Cuando trato de encontrar de dónde vienen los textos que hoy comparto en el escenario, recuerdo despertar de madrugada para escribir sin parar. Todavía sigo leyendo diarios de mi infancia y mi adolescencia y me sigo sorprendiendo de cuánto había dentro de mí que hoy sigo volcando en lo que hago. 

- ¿Te costó liberar el potencial que tenías dentro? 
Me parece que todos nos pasamos, si somos buscadores, toda la vida intentando liberar ese potencial. Desde que tengo uso de razón he hecho terapias, cursos, seminarios y retiros para intentar poner en su lugar algunas cosas que yo intuía que no estaban tan derechas como me habían dicho; para tratar de enderezar el camino o tratar de enderezarme a mí mismo en ese camino. Me parece que todos estamos buscando por dónde y cómo lograrlo, lo que pasa es que algunos nos animamos a manifestarlo más abiertamente y podemos decir "yo pido ayuda porque realmente no sé cómo se hace". Y existen otras personas que sacan el pecho y tratan de venderle al mundo que ellos sí saben. Pero llegan momentos en que la realidad no pone de frente una pared, que nos quiere decir "sin ayuda, de acá no podés pasar." O tal vez "sin un poco más de conocimiento, de reflexión, no podes pasar". 
Todavía sigo buscando.

- ¿Lográs distenderte arriba del escenario? 
Disfruto cada vez que me subo al escenario. Me sorprende cuánto he cambiado desde la última vez que me subí a hacer un espectáculo completo. Acabo de estrenar Evocaciones: 30 años en 120 minutos, y quizá pueden parecer pequeños detalles pero para mí es un mundo: poder soltar la solemnidad que me acompañó toda la vida y se me quedó atragantada, que no me permitía expresar ciertas cosas, o incluso haber cambiado hasta físicamente. Recuerdo una función hace muchos años atrás, en el Parque de la Costa, en la que que movía los brazos pero mis codos estaban pegados al cuerpo y no los podía despegar. Y miro los videos hoy, me veo y me da ternura aquél joven que fui y que no sabía cómo utilizar su cuerpo para expresar lo que sentía, porque a lo largo de los años finalmente he podido lograr abrir mis brazos cuando tengo que abrazar, y ya no estoy tan arraigado a vaya a saber qué vergüenzas y culpas que estaban en mí hace tanto tiempo. Es un camino que ojalá no termine nunca. 

- Evocaciones: 30 años en 120 minutos, el espectáculo que estás presentando los jueves en Sala Siranush, ¿te posiciona definitivamente como un "narrador de historias"? 
Mi maestro René Lavand era un contador de historias y yo siempre quise, de alguna forma, seguir por ese camino. Pero más allá del "quise" que yo expreso y que se dice tan fácil, me parece que no pude hacer otra cosa. El diagnóstico que me han hecho en algún momento para saber qué ha pasado con mi vida relata una historia familiar en la que no se han contado las historias... Tengo una tía desaparecida en la época de la dictadura militar, historia que nunca se contó, y otras cosas que mi familia ha decidido callar porque sus representantes decidieron a cada momento que era mejor "callar que contar". 
Dicen que nos transformamos en lo que tenemos que ser, en lo que necesitamos ser para poder cambiar ese destino que parece que estuviera escrito, si queremos realmente hacer nuestro propio camino, y me parece que más allá de que quisiera o deseara, no habría podido convertirme en otra cosa. 
De alguna forma, dentro de mí alguien decidió que ya era tiempo de dejar de callar, de no decir, y que había llegado el momento de empezar a hablar. Cuando me di cuenta de este proceso interno que estaba dándose, ya era un contador de historias, pero cada vez más lo empecé a hacer con mayor libertad, propia y ajena. 

- Pienso en René Lavand, te escucho hablar y te pregunto: ¿qué podemos aprender todos de la magia? 

Sobre todas las cosas podemos aprender que los dos mundos que nosotros queremos definir como realidad y fantasía, o visible e invisible, no están tan separados. De hecho, no se pueden separar. Podemos hacer fuerza e intentarlo, pero la pelea está perdida antes de empezar. Es imposible que una persona viva solamente en lo que se llama "realidad", o que esté en contacto solamente con lo "invisible". En el formato occidental, capitalista y moderno, nos relacionamos sólo con lo que podemos ver o tocar. Sin embargo lo invisible nos persigue todo el tiempo y se nos aparece en todos los lugares. Lo que yo hago desde el escenario es intentar compartir una mirada, invitar y motivar a la gente a relacionarse con ello de forma más espontánea y un poco más abierta. Y trato, también, de fundir esos límites durante esa experiencia de dos horas en el teatro para que la gente vislumbre cómo pueden convivir esas dos formas, sin necesidad de estar separándolas, porque en realidad somos mejores cuando integramos nuestra partes. 

viernes, 17 de abril de 2015

¿Qué es la magia?

¿Qué es la magia?
La magia es una experiencia de transformación, de cualquier cosa en cualquier otra cosa, de cualquier persona en otra versión, parecida pero levemente diferente, de sí misma, de una lágrima en una sonrisa, de un día lluvioso en un día soleado, de la enemistad en la amistad, de la separación en la unidad, de la suciedad en limpieza, del desequilibrio en armonía.
La magia es un modo de ver el mundo. Un modo integrador, abierto, amoroso, ignorante de los límites, desentendido de las fronteras, desafiante de los miedos, indiferente de la imposibilidad.
La magia es el arte y la ciencia que precede todas las artes y las ciencias.
La magia es el arte y la ciencia que incluye todas las artes y las ciencias.
La magia es una luz, muchas luces, que se abren cuando parece que el camino sólo es oscuridad, el destello que despierta, la explosión de luz que echa a andar cualquier motor, el foco que permite ver el centro exacto del camino, la chispa que detona cualquier emprendimiento.
La magia es un encuentro, cualquier encuentro.
La magia es un abrazo, físico o virtual.
La magia es lo infinito que se atisba en lo finito.
La magia es lo más grande en que puede convertirse lo pequeño.
La magia es paciencia, compasión, ternura, parsimonia, alegría y también tristeza.
La magia es vacío.
La magia es silencio.
La magia es todo lo que existía antes de la existencia.
La magia es todo lo que era posible aún antes de que algo fuera posible.
La magia es lo que es, aunque no lo parezca.
La magia es lo que parece, aunque no lo sea.
La magia es cualquier instante, siempre y cuando sea habitado.
La magia es lo habitado, aunque esté habitado un instante.
La magia es un instante de intimidad.
La magia es un instante sagrado.
La magia es los libros, la magia es los cuentos,
la magia es la tierra, la magia es el fuego.
La magia es el viento, en el mar o en el cielo
la magia es la noche, que es puro misterio.
¿Qué es la magia, para ustedes?

jueves, 2 de abril de 2015

En camino

En un entrenamiento hace pocas semanas, le describía a la persona con la que estaba trabajando qué significa para mí el silencio que hacen algunos directores de orquesta inmediatamente antes de dar comienzo a un concierto.
Daniel Barenboim, cuando dirige, representa uno de los máximos exponentes de este "ritual", durante el que parece que el tiempo y el mundo quedan detenidos, expectantes.
Venimos desde la contaminación. Llegamos desde el ruido, el caos, la suciedad, la vorágine, la confusión, la llaneza. Llegamos al escenario, que ha sido habitado antes por muchos que han dejado sus huellas, parte de sus espíritus. Llegamos a un espacio que es al mismo tiempo un puente para conectar el mundo de lo visible con el mundo de lo invisible, un puente que conecta el mundo de lo que es con el mundo de lo que puede ser, el mundo finito con el mundo infinito, el mundo material con el mundo etéreo, el mundo de lo común con el mundo de lo extraordinario.
El director, primero, debe quitarse las ropas contaminadas. No alcanza con que se haya cambiado en el camarín la ropa de calle por la ropa de gala, debe además cambiarse sus ropas internas, debe dejar atrás lo ordinario y vulgar para vestirse de canal, de guía, de líder para el viaje que comienza. El silencio representa ese cambio, ese momento de pura intimidad en el que las ropas se intercambian.
Luego debe olvidar, dejar atrás todo aquello que lo ha perturbado durante el día que acaba de transcurrir. Soltar lo que ha padecido, lo que ha peleado, lo que ha intentado, lo que ha perseguido. Es imposible que logre tomar su batuta y crear con su mano movimientos y sonidos si antes no logra dejar ir lo que le ha pesado y ha acarreado.
A continuación debe derribar las barreras. Todas ellas. Las barreras que separan los mundos, las barreras que separan a las personas, que separan a artistas de público, que separan los idiomas o las diferencias, que separan lo que fue y lo que será, lo que no se entiende para que se entienda, lo que no ha sido ni es para que sea, lo que se ha olvidado para que se recuerde, lo que se ha perdido para que se pueda encontrar, lo que no existe para que pueda manifestarse.
Luego debe agradecer. A quienes lo han traído hasta aquí. A sus padres, a sus maestros, a sus antepasados, a aquellos que han inspirado su camino, a sus músicos, a quienes lo han convocado, a quienes lo acompañan desde las sombras en este concierto que está por empezar.
Después debe pedir permiso. En principio a quienes lo han precedido en este mismo escenario. A quienes lo cuidan, sean quienes sean: Dioses, mentores, personas comunes, hijos, discípulos, protectores, mecenas. Al público.
Ahora ya está preparado. Pero antes de comenzar el concierto debe conectar.
Con el compositor, con los arregladores, con quienes permitieron a través de luchas, sacrificios y rebeldía que la partitura que se va a interpretar llegue, después de mucho tiempo, a manos de este director y estos intérpretes. Especialmente con los músicos, vehículos y canales también de la música que se va a compartir. Con el público, ayudando en el mismo silencio a calmar los ardores, a dejar atrás la contaminación de ellos, a crear un espacio para recibir, a sintonizar con el espíritu de este momento.
Finalmente, el director debe hacer una revisión, un chequeo. De las condiciones, de las herramientas, de los humores. Debe hacer un espacio, simbólico, para la sintonía previa, la fidelidad de los canales de transmisión, la limpieza del sistema.
Este silencio dura lo que dura una inhalación y una exhalación prolongadas.
Pero en ese tiempo que parece apenas un instante, sucede todo lo que acabo de describir y probablemente muchísimo más.
Es el símbolo de infinitas cosas. De un espectáculo de dos horas, de un día dedicado a la puesta a punto, de una semana de ansiedad y preparación, de tres meses de trabajo en la producción, de treinta años de carrera primero y de caminata después, de cuarenta y cuatro años de vida, de cinco siglos de asombro sobre los escenarios del planeta, de más de cinco mil años de historia bíblica en la que se describe la magia en diferentes formas y las historias que se contaron y se contarán hasta el fin de los tiempos. Es, ese silencio, símbolo de la eternidad.
Quería brindar por ese silencio, quería celebrar esa respiración, quería agradecer por la vida.

sábado, 28 de marzo de 2015

Teatro

Hoy es el Día Internacional del Teatro.

Hoy pensaba en todas aquellas personas que jamás fueron a un teatro, o que sí fueron, pero tuvieron una no muy buena experiencia y luego no volvieron a probar. Pensaba en las nuevas generaciones, que nacieron y crecieron en la era del entretenimiento digital, en la que con sólo apretar un botón uno puede acceder a "todo el entretenimiento del mundo" (cito un comentario de alguien evidentemente de esa generación) desde la "comodidad" de su sillón favorito.
Hoy pensaba en todo lo que se pierden, se han perdido y se perderán quienes no conocen o no han tenido el privilegio de vivir una verdadera experiencia teatral.
Emiliano, nuestro compañero y amigo, dijo ayer al final del ensayo general que se sentía una energía especial, una atmósfera mágica, no por una situación o un efecto específicos del espectáculo, sino por todo lo que estaba pasando al tiempo que no parecía pasar nada especial.
Hace dos semanas volví de un viaje a New York, adonde fui especialmente a ver seis espectáculos en apenas cinco días. Y allí yo mismo sentí casi en cada experiencia algo similar: la sensación en el cuerpo de que algo misterioso estaba pasando, de que algo más que la obra propiamente dicha vibraba de una forma movilizadora más allá de lo que lo hacían los textos, o las interpretaciones, o la música. Salir una noche, y la noche siguiente y la siguiente de cada lugar era salir a un frío diferente, a un hambre diferente, a un sabor del arroz diferente, a un sueño diferente, a una vida diferente.
El teatro, en tanto experiencia sagrada de transmisión, no ha podido, no puede y no va a poder ser reemplazado por una reproducción digital, sin importar cuánto avance la tecnología. El encuentro entre personas alrededor de un fogón simbólico a invocar, a evocar el Misterio es único, irremplazable. Conmueve y transforma como casi ninguna otra cosa puede hacerlo. El teatro ha sido siempre el espacio y la situación para compartir, desde la sensibilidad de quien sentía, la vida de unos colores más nítidos, más variados, más intensos, más vívidos. El teatro sabía mostrar un mundo más allá del mundo sin salir del mundo, situaciones reales que la gente real no se permitía o no sabía o no podía experimentar, el teatro decodificaba mensajes para aquellos que no podían comprender pero estaban listos para recibir la transmisión, emprender el camino, izar las banderas. El teatro animaba (llenaba de alma) a los públicos, recordaba (volvía a pasar por el corazón) una existencia llena en un mundo cada vez más vacío. Quién puede decir todo lo que el teatro ofrecía, quién puede decir todo lo que el teatro brindaba.
Ése es nuestro horizonte.
Un horizonte al que evidentemente no pretendemos llegar, pero hacia el que siempre estiramos nuestros brazos con el mismo ahínco, con la misma pasión, con la misma entrega, con la misma emoción. Ése es nuestro objetivo, y no nos asusta que sea demasiado pretencioso o inalcanzable. Disfrutamos del viaje, del proceso, de la emoción que nos inunda mientras nos preparamos para andar el camino que se hace al andar. Adonde lleguemos llegaremos.
En este caso, vamos a volver la vista atrás, para intentar recuperar lo que ya no se ve pero no ha desaparecido. Vamos a devolvernos al presente, como un presente, el ritual, el abismo, la caída, el pasaje, el renacimiento, el juego, las risas, la capacidad de soñar, la incertidumbre ante la idea de que algún sueño se haga realidad, la expectación ante el vacío, la sorpresa y el asombro ante lo que se revela, la emoción por lo descubierto, el disfrute del encuentro con aquello que aparezca, el agradecimiento por la posibilidad de formar parte, la celebración de la experiencia y el regreso a lo cotidiano desde otro lugar: mágico, renovado, quizás eterno.
Dentro de cinco días. Los esperamos.

martes, 10 de febrero de 2015

Dame la mano y vamos ya

"... un frío e invisible forastero a quien los médicos llamaban Neumonía
empezó a pasearse furtivamente por la colonia, tocando a uno aquí
y a otro allá con sus dedos de hielo.
- Doce -dijo. Once… diez... nueve...

Johanna, postrada en la cama, miraba por la ventana 
y contaba las hojas que quedaban sobre la enredadera de hiedra. 
Y estaba segura de que cuando cayera la última de todas, 
su vida, liviana y frágil como una hoja, 
se desprendería también de la tierra para siempre.
- Tres... dos... una...
A la mañana siguiente, después de la violenta lluvia 
y de las salvajes ráfagas de viento que duraron toda esa larga noche, 
aún pendía, contra la pared de ladrillo, una hoja de hiedra. Era la última.

Pasaron dos días. El invierno arreciaba terrible sobre el Greenwich Village. 
La última hoja todavía estaba ahí."

Siempre me decía que yo era
el único que no lo tuteaba.
Yo me preguntaba cómo tutearlo.
¿Cómo se tutea al horizonte?
¿Cómo se tutea al silencio?
¿Cómo se tutea a la noche?
¿Cómo se tutea al misterio?

Para tutearse con el horizonte
hay que haber trascendido todos los límites.
Para tutearse con el silencio
hay que haber escuchado todos los ruidos.
Para tutearse con la noche
hay que haber nombrado todas las estrellas.
Para tutearse con el misterio
hay que haber muerto;
hay que haber vuelto a nacer.

¿Cómo podía tutearlo?
Usted era, y siempre será, el horizonte,
el silencio, la noche y el misterio.
Insondable, inalcanzable, inclasificable, infinito.

Me preguntan qué me enseñó.
Yo respondo que me enseñó a estar,
permanecer, sin hacer y sin decir.
Que me enseñó a encontrar la parsimonia,
a cortar lo que sobra con la tijera.
Me enseñó a comprender por qué hacemos,
por qué decimos, para qué estamos.
Me enseñó a escuchar y habitar las palabras,
a pensar y a dejar de lado el pensamiento.
A escuchar la música, pero sobre todo
a oír los espacios en blanco de la música.
A desafiar la ilusión del tiempo y el espacio,
a llegar a tiempo, a comer despacio.
Me enseñó que a uno le toca lo que le toca,
que no hay vinos malos ni mujeres feas,
que vale más el silencio que el aplauso,
la crítica sana que el elogio impostado.
Que una minúscula articulación
del dedo meñique de su mano
logró, como deseaba su amigo,
humillar a todas las máquinas del mundo.

Pero cuando respondo qué me enseñó,
siento hablar a un extraño en mi voz.
Y al tiempo que sonrío y recuerdo
me digo "qué sé yo qué me enseñó".

Estuvimos, Comanche querido.
Celebramos, che! manco admirado.
Compartimos, Maestro admirado.
Consagramos, Maestro querido.

Usted prometió recorrer
el mundo con una baraja.
Usted prometió pintarnos
unas ilusiones con las cartas.
Y aunque el temible forastero
lo haya tocado en el hombro,
permanecerá usted aquí
eternamente intuteable,
apoyado en la enredadera,
liberado de su mazmorra,
como permaneció para siempre,
pintada, aquella última hoja.

Jansenson Magia

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