martes, 8 de marzo de 2016

Una mirada



Mi mamá me dijo que cree que las piernas de la foto pertenecen a su prima Vicky.
Esta foto inspiró estas palabras.

Una mirada, en la que encuentro una mezcla de interés, respeto, seriedad, pudor, ternura, expectativa, incertidumbre.

El tiempo, cuyas manos mágicas lo transforman todo, no ha podido transformar esa mirada, que he llevado conmigo al encuentro de cada mujer que la vida me ha puesto en el camino.
Pero el tiempo sí me ha enseñado a disimularla.
El tiempo, y la experiencia, me han enseñado a disfrazar el interés de indiferencia, a ponerme una máscara de desdén para hacer de cuenta que no siento respeto, a sacar pecho para que no parezca que me da temor, a pisar haciendo ruido para que no se note mi incertidumbre. A no invitar, para no ser rechazado. A no pedir, para no esperar. 

Y si es cierto que el hombre que soy incluye al niño que fui, la rebuscada persona en que me he convertido incluye a la sencilla promesa que encuentro cuando miro la foto, e incluso alguna vez cuando aparece -sorpresivamente- a mirarme desde el espejo.
Se supone que algunas de ustedes, de tanto en tanto, han encontrado en el atolondrado hombre que las acompaña breves ráfagas del niño -valioso- que las ama, aún sin tener idea de cómo amarlas.

Vaya a saber quién nos enseñó a regalarles flores y bombones. Vaya a saber quién nos enseñó a hacerlo sin la menor gracia, en piloto automático. Vaya a saber de dónde sacamos que si les hacemos un regalo o les escribimos "feliz día", entonces se nos exime de mirarlas a los ojos, disfrutar vuestra compañía, escuchar lo que nos piden -aunque parezca que no nos piden nada-, o lo que sea que debamos ser y hacer para agasajar a la diosa que vive dentro de cada una de ustedes.

No porque lo necesiten. No porque estemos obligados a hacerlo.
Sino porque, para transformarnos en la mejor versión de las mujeres y los hombres que estamos destinados a ser, la magia nos pide que llevemos a cabo algunos rituales.

Es evidente que todas, o casi todas las mujeres del mundo, deben preferir la libertad y el respeto a las flores y a los bombones. Pero nosotros no podemos darles la libertad que merecen, y a duras penas tenemos alguna pista de cómo honrarlas con el debido respeto.

Yo quería regalarles una mirada.
Una mirada respetuosa, tierna, expectante, pudorosa, interesada. Que les diga mucho de lo que no se puede decir con palabras.

Incluso la felicidad que deseo desearles.

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Jansenson Magia

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