lunes, 9 de enero de 2017

Aprende

Salvo que seas la Madre Teresa, o Indra Devi, o Mata Hari, o Sofía Vergara, o Meryl Streep, o cualquiera de los mil ejemplos que he evitado mencionar, aprende pronto a decir "por favor" y "gracias", y los mil ejemplos que he evitado mencionar.

Aprende a responder los mensajes en cuanto te sea posible, no más tarde, así sea con un "no estoy interesada". 

Aprende a sonreír, desde adentro, aunque te duelan cosas reales o imaginarias, físicas o espirituales. 

Aprende a hacer tu trabajo: buscar y encontrar tu misión en este mundo, porque nadie tiene la misión de pasarse la vida yendo, como únicas actividades, a la peluquería, al gimnasio y al shopping.

Aprende a viajar sin necesidad de subirte a un medio de transporte, ya que los paisajes más bonitos se encuentran dentro de ti, no del otro lado del mundo, ni a miles de dólares de distancia.
Aprende a llevar dinero contigo, y a estar dispuesta a pagar por tus cosas, aunque salgas con un millonario, aunque hayas sido invitada. Y si aceptas la invitación esta vez, y has aceptado antes, la próxima vez tal vez desees ser tú quien invite una comida modesta, hecha por ti, organizada por ti. 
No porque sea obligatorio, ni porque seamos iguales (porque gracias al cielo somos muy diferentes), sino porque intercambiar es hermoso, y porque ningún hombre sano elegirá a una mujer que cree que su tiempo debe ser pagado con regalos e invitaciones, el cien por ciento de las veces. 


Aprende que ningún hombre está obligado a morir por ti, ni siquiera a llamarte otra vez, sin importar cuánto de bella, inteligente, talentosa o interesante seas, o creas que eres. Aprende que tal vez no le gustaste lo suficiente, o quizás no es su momento, o simplemente para él no ha sucedido de la misma forma que para ti.
Si estás determinada a sostener que no todas las mujeres son iguales, entonces debes aceptar que no todos los hombres son iguales. Aunque hayas vuelto locos a todos los anteriores, aunque te hayan perseguido hasta el hartazgo, aunque hayas ganado todos los concursos de belleza e inteligencia, debes aprender a aceptar que puedes haberte topado, esta vez, con un hombre que no es como los demás, a quien no le resultas indispensable. Quizás está ocupado, o enfermo, o deprimido, o distraído, o sencillamente no está interesado. No importa cómo, no importa por qué.

No es que seas fea, ni mala, ni tonta, ni inmerecedora de amor. No es que a él le gustan los hombres; solo es que no ha sucedido entre ustedes. O ha sucedido, pero no volverá a suceder, porque la vida es un misterio que no siempre tiene explicación.

Aprende, finalmente, que el sexo no es un tesoro que tienes que entregar al mejor postor, ni un premio que alguien debe ganar con buen comportamiento, ni un bien de intercambio, sino la herramienta más íntima, poderosa y creativa de conocer cómo funcionas con una persona. Cómo te queda, cómo le quedas, cómo vibran al estar juntos, cómo funcionan cuando no hay nada para decir ni para vender ni para disimular. Cuánto puedes disfrutar de su compañía y cuánto puede él disfrutar de la tuya; sin máscaras, sin disfraces, sin engaños.

Aprende que no es obligatorio casarte ni comprometerte ni cumplir con una cantidad establecida de requisitos para que el sexo esté "bien", o sea "correcto". Eso era antes, hace cientos de años, pero por suerte el mundo sí ha cambiado en ciertos aspectos. 
A veces el sexo es hoy, a veces mañana, y a veces nunca. 
A veces el sexo es un regalo de una única vez, a veces una vida de encuentros, a veces alguno de los grises entremedio. Cualquiera sea el caso, siempre es una bendición, siempre es un regalo, una oportunidad, una puerta, un puente.
Nadie puede "usarte", salvo que te muestres y vivas como si fueras una cosa. Presta atención: tal vez puedes estar dando un mensaje equivocado. 
Aprende a ser sensible, a utilizar tu intuición, a improvisar, a confiar en tu infinito poder y en tu infinita sabiduría.
Aprende a confiar en el silencio, el tuyo o el del otro. Aprende a no sacar conclusiones todo el tiempo, ya que la vida no se define a cada minuto, ni en ciento cuarenta caracteres, y tu imaginación y tu inteligencia, por poco comunes que sean, jamás podrían contemplar todas las posibilidades de aquello que no conoces. Y, por mucho que hayas sentido una "conexión", luego de tres, o cinco, o diez encuentros, no tienes ni la menor idea de quién es la persona con la que estás. No conoces su historia, no conoces su sombra, no conoces su potencial ni sus limitaciones.
No juzgues.
No juzgues.
No juzgues.
Nada está "mal" ni "bien".
Casi nunca algo sucede "demasiado temprano" ni "demasiado tarde".

No vas a "gastarte", no vas a "devaluarte", no vas a perder nada que tenga verdadera importancia. Aprenderás lecciones, templarás tu carácter, cosecharás experiencias. Y cada vez serás más mujer, mejor mujer, más puramente mujer.


Aprende a sugerir, en estos tiempos de mostrar. Aprende a recuperar los rituales, a tomarte tiempo para reflexionar, para bailar, para sentir. Aprende a vivir una vida sagrada. Deja de profanar tu cuerpo, tu mente y tu corazón.

Aprende a ser modesta con tus expectativas y con tus deseos. Aprende a tener paciencia, en estos tiempos de frenetismo e intolerancia. 

Aprende a dar. Aprende a dejar de pedir y reclamar.

Nadie te debe nada. Nadie, te, debe, nada.

Aprende a soltar. Aunque te guste mucho o lo quieras mucho. Porque soltar lo que no te gusta o lo que no quieres tanto, en verdad no es soltar.


Aprende a ser suficiente. Para ti. Para el mundo.

Porque lo eres. Te digan lo que te digan, te llamen o no te llamen, te elijan o no te elijan.
Aprende a ser feliz. 
Sin él, sin nadie. Contigo.

Y si sucede, no hay "pronto" o "mucho" o "poco" o "para siempre" o "hasta nunca".

A lo mejor mañana, o dentro de un año, o en otra vida, vuelvan a encontrarse.
A lo mejor no.
A lo mejor ha venido al mundo a mostrarte una única cosa, y te has perdido de verla porque estabas pendiente de un próximo llamado, que no llegará jamás. Porque no tiene por qué llegar. 

Aunque seas Mata Hari, o Indra Devi, o la Madre Teresa de Calcuta, o Meryl Streep, o Sofía Vergara.


Aprende.

Si algún día deseas enseñar.
Acepta. 
Si algún día deseas tenerlo todo.
Sé modesta.
Si algún día deseas reinar, en serio, no con una corona de juguete.

Haz algo creativo con tu enojo, con tu impotencia, con tu angustia. Lo que te aqueja no es culpa del hombre que no te llama. El llamado que no llega sí dice algo sobre ti, así que aprovecha la oportunidad del silencio, que aliviará y eventualmente sanará tus heridas.

Deja de esperar, deja de perder el tiempo, deja de quejarte. 

Aprende. 

No es lo mismo ser una diosa que ser una Diosa.
No es lo mismo hacerse desear que ser deseable.

Y mil cosas más.

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